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La Traviata
G. Verdi
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Ópera

Una Traviata de lujo con la soprano canaria Yolanda Auyanet

Sala Sinfónica

La Traviata, de Giuseppe Verdi llega al Festival de Ópera de Tenerife 2012 con una producción firmada por Rosetta Cucchi para el Teatro Comunale Luciano Pavarotti de Módena que será dirigida musicalmente por Ottavio Marino al frente de la Orquesta Sinfónica de Tenerife.

 

El reparto del célebre título verdiano viene encabezado por la soprano canaria Yolanda Auyanet, quien debuta en Tenerife con una ópera completa en el papel titular. Le dará la réplica Javier Tomé como Alfredo y Stefano Antonucci como el padre de éste. Destaca la presencia de más cantantes canarios en el reparto, como Badel Albelo, Judith Pezoa, Jeroboam Tejera o Airam de Acosta.

 

LA TRAVIATA

 

 

 

25, 27 y 29 de septiembre de 2012

 

Sala Sinfónica. 20.30 h

 

 

 

Violetta

Yolanda Auyanet

Alfredo

Javier Tomé

Germont

Stefano Antonucci

Flora

Beatriz Lanza

Anina

Judith Pezoa

Gastón

Badel Albelo

Baron Douphol

Gianluca Margheri

Marchese d' Obigny

Airam de Acosta

Dottore Grenvil

Jeroboam Tejera

 

 

Director de Orquesta

Ottavio Marino

Director de Escena

Rosetta Cucchi

Aydte. Dtor. Escena

Estefania Panighini

Escenógrafo

Iziano Santi

Costumista

Claudia Pernigotti

Iluminador

Andrea Ricci

 

 

Maestra de Coro

Carmen Cruz Simó

 

 

Producción

Teatro Comunale Luciano Pavarotti di Modena

  • 2012 Cartel Traviata_Yolanda Auyanet
  • Yolanda Auyanet
  • Javier Tomé
  • Stefano Antonucci
  • Olga Privalova
  • Judith Pezoa
  • Badel Albelo
  • Gianluca Margheri
  • Airam de Acosta
  • Jeroboam Tejera
  • Ottavio Marino
  • Orquesta Sinfónica de Tenerife
  • Rosseta Cucchi
  • Carmen Cruz Simó

Argumento de La traviata

La acción tiene lugar en París a mediados del siglo XIX. El primer acto en agosto, el segundo en enero y el tercero en febrero.

 

ACTO I.- Comedor en casa de Violeta.El telón se alza sobre el lujoso salón de Violeta, en el que se está celebrando una reunión festiva. Violeta da la bienvenida a Flora y a otros amigos, entre los que se encuentra el barón Douphol, antiguo admirador de la anfitriona. Entra ahora Gastón, otro amigo, con Alfredo, que es presentado a Violeta como alguien que la admira desde hace mucho tiempo. Violeta se muestra con él ligera, como de costumbre, pero en el fondo el joven le ha impresionado. Cuando Alfredo, requerido por los demás invitados, encabeza un brindis ("Libiamo, libiamo ne lieti calici") ("Bebamos en las alegres copas"), Violeta se levanta y entona la segunda estrofa, a lo que el coro de invitados se les une alegremente.

Se oye música de baile procedente de un salón contiguo. Cuando los invitados se disponen a bailar, Violeta sufre un ataque de tos. Pide a los presentes que vayan a bailar y no se preocupen, pero cuando se mira en un espejo y ve la palidez de su rostro, se da cuenta de que uno de sus invitados ha permanecido junto a ella. Es Alfredo, que confiesa a Violeta que la ama desde hace más de un año. Gastón llama a Violeta desde el salón contiguo y ella se despide tiernamente de Alfredo.

Regresan los invitados y se disponen a marcharse. Sola, Violeta piensa en Alfredo: "E strano" ("Es extraño"), y después, "Ah, fors'e lui..." ("Ah, quizás es él..."). Parece vislumbrar una vida nueva y más limpia en lo que Alfredo le ofrece. Pero finalmente - porque no está segura de que este tipo de vida sea posible para ella - se declara "siempre libre" ("Sempre libera"): no puede aspirar más que a una vida social dominada por el placer.


ACTO II.- Cuadro I. Salón de una casa de campo en las afueras de París. Pero Alfredo la ha conquistado, evidentemente. Él y Violeta se han instalado en un hotelito cercano a París, en la campiña. Alfredo, solo, canta su nueva existencia feliz:"De miel bollenti spiriti" ("De mi espíritu fogoso"). Pero cuando entra Annina, la sirvienta de Violeta, le dice que ha estado en París, por encargo de su señora, vendiendo las alhajas de Violeta para pagar las deudas de la idílica vida que llevan los dos amantes. Alfredo, avergonzado, sale inmediatamente para

 

París con el propósito de resolver la situación económica, que él desconocía.

Entra en escena Violeta, que ha recibido una carta de su amiga Flora invitándola a un baile que se celebrará esa misma noche. Llega ahora Giorgio Germont, padre de Alfredo, que viene con el intento de acabar aquellas relaciones, sobre todo porque cree que Violeta está arruinando a su hijo; pero descubre que, por el contrario, es Violeta la que está vendiendo todo lo que posee para mantener a los dos. Giorgio, no obstante, pide a Violeta que se sacrifique, renunciando a Alfredo, para no frustrarse el proyectado matrimonio de la hermana de Alfredo, "Pura siccome un angelo" ("Pura como un ángel"), y que la situación de su hijo es una desgracia para la familia. Así, pide a Violeta que abandone a su amante, pero que no le diga por qué lo hace. Ella, al principio, se niega a romper con su amado, pero finalmente, llena de tristeza, consiente en ello, pidiendo a Germont que diga a su hija que alguien se ha sacrificado por su felicidad: "Dite alia giovine" ("Dígale a la joven...").

Violeta escribe una nota a Alfredo en la que le dice que lo abandona, sin más explicaciones, de tal modo que él pueda pensar que se ha portado falsamente con él. Germont, cada vez más conmovido por la nobleza de espíritu de Violeta, la abraza como haría un padre. Después, sale de escena.

Violeta llama a Annina, y está a punto de entregarle la nota para Alfredo, cuando aparece éste. Violeta le pide que la ame tan apasionadamente como ella le ama a él: "Ammami, Alfredo", y se marcha. Alfredo no sabe lo que ha sucedido hasta que un mensajero le hace entrega de una carta en la que Violeta le dice que lo abandona. Lleno de angustia, ve entrar a su padre, que intenta consolarlo y le propone que regrese con él a su Provenza natal: "Di Provenza il mar, il suol" ("De Provenza el mar, la tierra..."). Pero Alfredo sospecha que Violeta se ha marchado con Douphol, su antiguo admirador. Y al ver la carta que Flora envió a Violeta, decide ir a la fiesta, encontrarse con Violeta y tomar venganza.

Cuadro II.- Salón en casa de Flora. La fiesta de máscaras está en pleno apogeo. Unos invitados van disfrazados de toreros, otros de gitanos, mientras suena una música apropiada a estos disfraces. De repente entra Alfredo y se une a un grupo de jugadores de cartas. Aparece Violeta, del brazo del barón Douphol. Alfredo, que está ganando en el juego, hace alusiones insultantes que no pueden referirse sino a Violeta. Se produce una gran tensión entre Alfredo y el barón y el duelo parece inevitable.

Sola con Alfredo, Violeta le pide que la deje, por la propia conveniencia de él. Esto hace aumentar la furia de Alfredo, que alcanza su punto culminante cuando

 

ella le dice - sin revelarle la verdad de lo ocurrido - que ama al barón. Alfredo llama a los invitados, insulta a Violeta y les hace testigos -lanzando a Violeta una bolsa con dinero - de que ha pagado totalmente su deuda con ella. Mientras todos los invitados se muestran indignados por la conducta de Alfredo, entra Giorgio Germont y descalifica la acción de su hijo. En el concertante final se oye a la desdichada Violeta afirmando que sigue enamorada de Alfredo.


ACTO III.- Dormitorio de Violeta. Violeta vive sola con su fiel Annina; está gravemente enferma y apenas tiene dinero para sobrevivir. Se encuentra en cama cuando, muy de mañana, recibe la visita del médico que tranquiliza a la enferma, pero confiesa a Annina que le quedan muy pocas horas de vida. Se marcha Annina y Violeta vuelve a leer la carta que ha recibido del padre de Alfredo en la que le dice que ha revelado a su hijo el sacrificio de su amada y que Alfredo se ha puesto en camino para pedir perdón a Violeta. Mientras lee la carta, la orquesta interpreta la melodía de la canción con la que Alfredo se declaró al final del primer acto. Ella lamenta su enfermedad y recuerda los bellos momentos del pasado ("Addio, del pasato bei sogni ridenti").

Por la ventana entra a raudales el bullicio del carnaval, que se celebra en la calle. Vuelve Annina y da entrada a un visitante: Alfredo. Los enamorados se funden en un abrazo en el que todas las pasadas amarguras se han olvidado. Alfredo dice a Violeta que la llevará fuera de París ("Parigi, o cara, noi lasceremo"). Pero después de estos momentos de intensa alegría, Violeta se siente mal y envía a Annina en busca del médico, dándose cuenta de que su muerte está muy próxima. Entra en escena el padre de Alfredo. Violeta entrega a su amado un medallón, diciéndole que se lo dé a la mujer con la que se una en matrimonio. Annina llega con el médico y todos presencian la súplica de Violeta a Alfredo.

Súbitamente cesa la agitación de la enferma. Y reviviendo los momentos felices de su amor, Violeta muere.

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